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Muchos de vosotros sabéis que sigo una dieta estrictamente hipo informativa.
No os podéis imaginar cómo ha cambiado mi vida desde entonces.

Eso no significa que no sepa qué está pasando en el mundo. Significa que no permito que un medio de comunicación me diga qué es lo que tengo que pensar sobre esta o aquella cuestión, sino que yo soy la que filtra lo que me interesa.

Millenials, Hawai y Ho’Oponopono. ¿En serio esto puede tener alguna lógica?, pues sí y me encanta.

Este post está dedicado a todos nuestros Millennials que están convulsionando el mundo para mejor.

Su forma de pensar y comportarse está trayendo grandes cambios en nuestra sociedad; en nuestro caso, en la forma que tienen de concebir el amor y su forma de formalizarlo.

Personalmente, creo que traen cambios muy positivos.

Ellos creen que es más importante experimentar que acumular. Son más conscientes, de que de la salud del planeta depende nuestra supervivencia. Que todo ser vivo merece un trato digno, aunque no sea un humano.  Que un mundo más solidario y justo es posible.

Y muchos de ellos han vuelto la mirada a Hawai, cuna del H’Oponopono.

¿¡¡Ho’Oponoqué…!!?. Ese nombre tan extraño es una sencilla técnica ancestral de resolución de problemas.

Y lejos de hacernos sentir víctimas nos invita a ser 100% responsables de nuestros actos.

Una de sus máximas: “Si yo lo he creado, yo lo puedo cambiar”.

Se acabó el echar las culpas a los demás de todo lo malo que nos pasa. Se acabó de ir de víctimas que no nos lleva a ningún sitio bueno.

Estamos ante una generación que no se ha creído el cuento que nos vendieron a nosotros: estudia una carrera “Importante”, busca un trabajo para toda la vida, cásate, hipotécate y ten hijos”.

Y si no cumplías con cualquiera de los pasos, estabas marcado por rarito, demasiado hippy, irresponsable o egoísta.

Ellos lo único que quieren es ser feliz por encima de todo.

¿Eso significa que los que ya tenemos una edad no queremos lo mismo?. Sí, pero hemos estado muy confundidos pensando que más dinero, más posición o un mejor coche nos haría felices, descubriendo que no es así, aunque de cara a la galería mostremos una brillante sonrisa empastada.

Me gusta la filosofía, así que, me sumo a experimentar más que a acumular.

A responsabilizarme más que a culpar.

A vivir más que sólo a respirar.

¿Te apuntas?.

 

Y, por eso, me suelo topar con noticias como la siguiente en Vanitatis

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